En el autismo los problemas de interacción social, de comunicación, los trastornos sensoriales o los trastornos del comportamiento tienen en muchos casos como consecuencia ciertas conductas desafiantes. En este artículo os detallamos las causas y las maneras de evitarlas.

 

¿Qué son las conductas desafiantes?

Según Emerson (1995), el término “conducta desafiante” se refiere a: Toda conducta culturalmente anormal de tal intensidad, frecuencia o duración que es probable que la seguridad física de la persona o de los demás corra serio peligro, o que limite el uso de las oportunidades normales que ofrece la comunidad, o que, incluso, se le niegue el acceso a dichas oportunidades.

Las conductas desafiantes constituyen, con frecuencia, el medio que utilizan los niños y niñas que carecen de las habilidades comunicativas y socioemocionales necesarias para expresar sus necesidades y aparecen cuando existe un desajuste en la interacción que establecen con su contexto social. (Carr, McConnachie, Carlson, Kemp, y Smith, 1996; Tamarit, 2005).

Tipos de conductas desafiantes

Dentro de las conductas desafiantes existen las agresiones físicas o verbales y las autoagresiones.

Agresividad

La agresividad en los niños con autismo es muy común sobre todo si carecen de la comunicación verbal. Surgen en un intento de proteger su seguridad, su felicidad o bienestar. Esto puede convertirse en un problema grave cuando es una conducta repetitiva y sin control. Es un riesgo o peligro potencial tanto para el niño con autismo como para otros a su alrededor.

Cuando existe una hostilidad verbal hablamos de rabietas, gritos, llantos que pueden tener diversas causas: el deseo de llamar la atención, cambios en la rutina que no aceptan, no conseguir algo que quieren, por imitación, como respuesta a una frustración, como consecuencia a la presión de grupo, sentimiento de abandono e incluso dolor, reacción a un ruido, un contacto físico, malestar fisiológico…

La agresión física a terceros es otra manera de expresar las mismas frustraciones que venimos de explicar.

Autoagresión

Hablamos de autoagresión cuando una persona se centra demasiado en su cuerpo: morderse, arrancarse el pelo, las pestañas, golpearse la cabeza…  Una persona «quiere hacerse daño» desde el momento en que tiene conciencia de sí mismo, de sus gestos y de su cuerpo. Cuando una persona no tiene esos conocimientos (discapacidad mental severa, polidiscapacidad), se considera que la automutilación es un comportamiento «de lenguaje» y que sus movimientos no controlados no tienen como objetivo hacerse daño.

En el caso de las personas autistas, debido a sus carencias sociales, afectivas y sensoriales, el niño autista tiene problemas para solucionar situaciones de la vida cotidiana. Esas situaciones les crean un alto nivel de ansiedad y nerviosismo que desconocen cómo controlar. Existe un problema de autorregulación y por ello sus reacciones pueden llegar a ser agresivas, como protesta o como una respuesta. Lo más importante en este caso, no es saber gestionarlas, sino prevenirlas.

En determinados casos el niño se auto-agrede como forma de auto estimulación: por ejemplo se golpe a la cabeza al mismo tiempo que se balancea. En realidad no siente dolor simplemente la estimulación. También encontramos situaciones donde el detonante es un ruido, debido a una hiper o hipo sensibilidad, que provoca un acceso de furia traducido en un comportamiento violento hacia él mismo.

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¿Cómo evitar las conductas desafiantes?

El verdadero reto ante este tipo de problemas no es el gestionarlos sino saber evitar las conductas desafiantes y prevenirlas. En este aspecto, la comprensión y conocimiento que tienen los padres de su hijo es fundamental. Los padres y familiares van a saber identificar los signos que predicen una crisis violenta de forma muy rápida y reaccionar para evitarlos.  El verdadero reto será de un parte darle sentido a ese lenguaje y de otro encontrar alternativas a algunos gestos, todo con la colaboración de los equipos de salud, sobre todo para identificar los dolores físicos, si los hay. El objetivo no será parar definitivamente esos comportamientos de lenguaje sino de introducir poco a poco alternativas en las actividades del niño.

 

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Lo más eficaz es establecer una rutina y método de disciplina donde se recompensen las conductas adecuadas y se ignoren o reprueben las conductas inapropiadas. Los “castigos” nunca deben ser físicos porque además de lesionar al niño física y emocionalmente, lacerando su autoestima, aumenta la conducta agresiva y violenta.

Si tu hijo está estresado por un eventual imprevisto y agita una cordón, ponga en marcha rutinas y planning para explicarle visualmente su empleo de tiempo, actividades y la duración de cada una de ellas. Si percibe una estereotipia o automutilación debidas a un dolor o al enfado, puedes ofrecerle un producto con lastre para calmarle y relajarle. Si el niño tiene una necesidad compulsiva de morder existen los mordedores con distintas resistencias, según la presión del niño.

 

Fuentes:

La Atención a alumnos con necesidades educativas graves y permanentes Gobierno de Navarra, Dto. de Educación, Cultura, Deporte y Juventud. 1995

www.autismo.org

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